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Al parecer, la idea del futuro lineal que crecieron las generaciones hasta fines del siglo XX, lease, estudiar en la primaria, secundario, universidad y un trabajo estable hasta la jubilación, se ha convertido en prácticamente en un recuerdo del pasado.
La idea de la estabilidad, base fundamental del Estado de Bienestar, ya sea en su versión europea o latinoamericana, se ha ido desplomando lentamente. Pese a los cuestionamientos del modelo neoliberal, sobretodo en América Latina, que ha significado la vuelta del Estado a la gestión como a la acción, no ha significado una reconstrucción del estado de bienestar, sino que solamente es un reafirmante de las graves inequidades que están sufriendo las sociedades.
Un Estado que atiende a sectores particularizados de la sociedad no puede pretender plantear la reconstrucción del estado de bienestar, si sólo se dedica a parchar problemas parciales sin apostar a soluciones de fondo, como es el caso de América Latina. El problema que muchas soluciones de fondo pasan por una fuerte reestructuración del Estado y su rol, pero no necesariamente por una reconstitución del Estado de Bienestar.
Tal vez, en esta etapa de crisis del Estado de Bienestar, habría que necesariamente situarla dentro de un contexto más amplio, de crisis de la modernidad, que en el caso de América Latina y España, pasa por el lado de asumir las mochilas del pasado, y tal vez, una refundación que probablemente significará no volver al Estado de Bienestar preexistente, pero sin duda, podrá ser mejor que la actual situación de limbo que se vive a ambos lados del Atlántico.